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Las circunstancias que vive un país se reflejan de forma general en su arte, ya sea cine, literatura, fotografía o cualquier otra manifestación. La misma panorámica política o social repetida en tantas obras puede caer en la monotonía o simplemente encontrar disímiles vías de expresión, algunas más atrevidas y directas, otras indirectas y más sustanciosas. De cualquier manera, es un reto ofrecer un nuevo prisma de la sociedad cubana que sea fresco, espontáneo y que sobre todo refleje la situación real en la actualidad. 

La nada cotidiana, de Zoé Valdés, es una metáfora de la realidad social cubana de estos tiempos, expresada mediante trozos de historias comunes, escenas típicas y personajes anónimos que son modelos muy habituales en el panorama de la isla.


La nada cotidiana es esa sensación de vacío, de necesidades no satisfechas, de cansancio espiritual y desmotivación, de pérdida y nostalgia. Es también ese sentimiento de apatía incomprendida, de instantes que van dejando huellas en las vidas de las personas, de decepción y desmitificación de una sociedad que aspiraba al progreso con su revolución.

Y así comienza esta novela, refieriéndose a la protagonista: Ella viene de una isla que quiso construir el paraíso..., para más adelante concluir: la isla que queriendo construir el paraíso, ha creado el infierno.

Un infierno cotidiano, día a día, donde escasean los productos básicos, hay apagones, la norma principal es el sacrificio, el transporte público es un caos y la solución alternativa es recorrer la ciudad en bicicleta de punta a punta, los trabajos son politizados y da igual la productividad, se vive la doble moral en todos los ambientes, y la mentira y el miedo expanden sus redes entre la sociedad.

Nuestra protagonista nació el mismo año en que triunfó la revolución en Cuba, en 1959 (también como la escritora). Su nacimiento fue considerado heroico y le llamaron Patria, aunque luego ella se haría llamar Yocandra. Pensar en las musarañas era una de sus aficiones, quizás como entretenimiento, tal vez para escapar del mundo real o para buscar soluciones donde no parecían existir.

Así Yocandra nos va contando historias de su vida, de sus estudios, su trabajo, sus amoríos, sus amistades, sus padres...cada temática se convierte en un nuevo paréntesis de la historia central y es una oportunidad para explicar los entresijos del acontecer diario de las familias cubanas. Cada hecho tiene una consigna, una respuesta del sistema o evoca un recuerdo o una pérdida.

Yocandra escribe con naturalidad, se desahoga, reflexiona, cuestiona, lucha por tirar adelante. Sus palabras cuentan un ciclo, desde 1959 hasta 1995, donde su rutina es muy similar a la de la mayoría de cubanos, el tiempo pasa y los sueños se frustran, los amigos marchan en busca de otras oportunidades fuera del país, otros se lanzan al mar eterno y se funden tristemente con sus lamentaciones, los ancianos envejecen sin esperanza...y mientras tanto, ella no se da por vencida, pues esa es nuestra máxima debilidad, sino que se aferra a cualquier ilusión, sin temer el futuro.

La nada cotidiana es una propuesta entretenida, que no nos robará mucho tiempo, que seguro disfrutaremos más si hemos tenido relación con el país o los cubanos, y en caso contrario, nos hará conocer la sociedad de dentro y su problemática, en visión opuesta a las noticias oficiales. La trama es sencilla, las pequeñas historias del ciclo pueden resultar graciosas o irónicas, y el resultado es como siempre agridulce.


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